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sección de bandas sonoras de la revista de cine LaButaca.net 
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Martes 17 Junio 2008

Tònia ya se refirió en su día a “Crepúsculo”, la adaptación cinematográfica de una exitosa novela juvenil de Stephenie Meyer que ha sacado adelante la directora Catherine Hardwicke. El caso es que ahora ya conocemos el nombre del compositor que escribirá la banda sonora de esta película que, en principio, llegará a nuestras pantallas al mismo tiempo que en los Estados Unidos, esto es, mediados de diciembre.

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El autor en cuestión es, tal y como se puede leer en Upcoming Film Scores, Carter Burwell, quien se ha hecho muy popular gracias a sus habituales colaboraciones con los hermanos Coen (“No es país para viejos” es el último ejemplo de ello, si bien es cierto que su música para esta película es prácticamente inexistente). La elección del citado compositor para este proyecto es un tanto singular, puesto que habitualmente no trabaja en este tipo de producciones para adolescentes.

En la imagen: Detalle del cartel de “Crepúsculo” - Copyright 2008 © Maverick Films, Summit Entertainment y Twilight Productions. Todos los derechos reservados.

Sábado 15 Marzo 2008
Escrito por Manuel Márquez el 15.03.08 a las 10:00
Archivado en: Actualidad

¿Coincidencias o tendencias? En varias películas que he tenido ocasión de ver recientemente —por lo demás, películas que han obtenido numerosos reconocimientos de distinto ámbito y nivel, con lo cual parece que su calidad artística queda fuera de sospechas generalizadas—, hay un elemento común que me ha llamado poderosamente la atención, y es el de la ausencia de música en su banda de sonido —ni incidental ni ambiental—. Ni “La soledad”, de Jaime Rosales; ni “Luz silenciosa”, de Carlos Reygadas; ni “No es país para viejos”, de los hermanos Coen (si dejamos fuera de consideración los acordes que acompañan los créditos finales), nos ofrecen una sola y triste nota con la que deleitar nuestros oídos. Descartada la posibilidad de que nos hallemos ante una conspiración (y no precisamente judeo-masónica…) para arrojar a las filas del paro, vía cierre de este blog dedicado a las bandas sonoras, a mi buen compañero Joaquín R. Fernández, tiendo a pensar que se trataría, más bien, de una simple coincidencia. Pero, quién sabe, hay coincidencias que, a fuerza de encadenarse, terminan generando la tendencia. ¿Llegará a ser éste el caso?

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No se trata, al fin y al cabo, de un fenómeno nuevo. Ni siquiera cabe hablar de que esta “pauta de silencio” sea una invención que arranque del movimiento Dogma, aunque no cabe ninguna duda de que ha sido esta corriente la que, al hilo de sus pretensiones de implantar un canon “purista” en el tratamiento del material fílmico —tanto imagen como sonido—, la ha hecho más evidente y extendida. Al fin y al cabo, no se puede olvidar que el cine nació como un espectáculo sin música (y sin palabras). Pero para todos los que estamos acostumbrados a unas concepciones cinematográficas más o menos convencionales, que somos la inmensa mayoría del público aficionado al séptimo arte, el desarrollo del metraje completo de una película (además, en el caso de las tres indicadas, ciertamente generoso: ninguna de ellas queda debajo del listón de las dos horas) sin un mínimo contrapunto musical, genera una cierta sensación de extrañeza, y, naturalmente, condiciona, y mucho, la percepción de la historia —eso sí, habría que dar por hecho que, en cualquier caso, esa es la pretensión del autor, claro—. ¿Mejor, peor? Quizá, sencillamente, distinto.

En la imagen: Fotograma de “Luz silenciosa” - Copyright © 2007 NoDream Cinema y Mantarraya Producciones. Distribuida en España por Golem. Todos los derechos reservados.

Lunes 17 Diciembre 2007

De más que interesante se puede calificar el artículo que ha publicado Variety sobre el uso que en la actualidad hacen de la música de cine la mayoría de realizadores y compositores. Según parece, hoy en día se opta más por una utilización más contenida de las bandas sonoras originales. Es lo que ha hecho Carter Burwell en “No es país para viejos”, donde, como mucho, tan sólo durante unos 15 minutos escuchamos algo de música, careciendo ésta de cualquier componente melódico. Incluso John Powell, habituado a crear obras de gran contundencia sonora, explica que «he tenido que escribir un montón de partituras que son muy sutiles porque más y más directores sienten que es mejor».

Varios son los artistas que durante este año han compuesto bandas sonoras que precisamente no destacan por ser excesivamente altisonantes. En Variety mencionan a Mark Isham (“Un cruce en el destino”, “En el valle de Elah”, “Leones por corderos”), David Shire (“Zodiac”) o incluso a James Newton Howard (“Michael Clayton”, “The great debaters”). Personalmente considero que, al igual que el empleo de manidas fanfarrias puede resultar un tanto artificial, también llega un momento en el que el espectador se cansa de escuchar frías partituras que casi parecen una recopilación de sonidos en vez de una pieza musical.

En la imagen: Cartel de “No es país para viejos” © 2007 Paramount Classics, Miramax Films y Scott Rufin Productions. Todos los derechos reservados. Cartel de “Michael Clayton” © 2007 Samuels Media, Castle Rock Entertainment, Mirage Enterprises y Section Eight. Todos los derechos reservados. Cartel de “En el valle de Elah” © 2007 Warner Independent Pictures, Nala Films, Summit Entertainment, Samuels Media y Blackfriars Bridge. Todos los derechos reservados.