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Escrito por Manuel Márquez el 15.03.08 a las 10:00
Archivado en: Actualidad

¿Coincidencias o tendencias? En varias películas que he tenido ocasión de ver recientemente —por lo demás, películas que han obtenido numerosos reconocimientos de distinto ámbito y nivel, con lo cual parece que su calidad artística queda fuera de sospechas generalizadas—, hay un elemento común que me ha llamado poderosamente la atención, y es el de la ausencia de música en su banda de sonido —ni incidental ni ambiental—. Ni “La soledad”, de Jaime Rosales; ni “Luz silenciosa”, de Carlos Reygadas; ni “No es país para viejos”, de los hermanos Coen (si dejamos fuera de consideración los acordes que acompañan los créditos finales), nos ofrecen una sola y triste nota con la que deleitar nuestros oídos. Descartada la posibilidad de que nos hallemos ante una conspiración (y no precisamente judeo-masónica…) para arrojar a las filas del paro, vía cierre de este blog dedicado a las bandas sonoras, a mi buen compañero Joaquín R. Fernández, tiendo a pensar que se trataría, más bien, de una simple coincidencia. Pero, quién sabe, hay coincidencias que, a fuerza de encadenarse, terminan generando la tendencia. ¿Llegará a ser éste el caso?

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No se trata, al fin y al cabo, de un fenómeno nuevo. Ni siquiera cabe hablar de que esta “pauta de silencio” sea una invención que arranque del movimiento Dogma, aunque no cabe ninguna duda de que ha sido esta corriente la que, al hilo de sus pretensiones de implantar un canon “purista” en el tratamiento del material fílmico —tanto imagen como sonido—, la ha hecho más evidente y extendida. Al fin y al cabo, no se puede olvidar que el cine nació como un espectáculo sin música (y sin palabras). Pero para todos los que estamos acostumbrados a unas concepciones cinematográficas más o menos convencionales, que somos la inmensa mayoría del público aficionado al séptimo arte, el desarrollo del metraje completo de una película (además, en el caso de las tres indicadas, ciertamente generoso: ninguna de ellas queda debajo del listón de las dos horas) sin un mínimo contrapunto musical, genera una cierta sensación de extrañeza, y, naturalmente, condiciona, y mucho, la percepción de la historia —eso sí, habría que dar por hecho que, en cualquier caso, esa es la pretensión del autor, claro—. ¿Mejor, peor? Quizá, sencillamente, distinto.

En la imagen: Fotograma de “Luz silenciosa” - Copyright © 2007 NoDream Cinema y Mantarraya Producciones. Distribuida en España por Golem. Todos los derechos reservados.

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Cada película tiene un tratamiento concreto que lleva a apoyarse o a prescindir de la música, pienso. Pero ésta es sólo un acompañamiento que debe contribuir en la línea del film, integrándose en ella, y no quedar demasiado remarcada ni sostenerla en exceso (como en “Cometas en el Cielo”: magnífica música, por otra parte). Pienso que no es esencial, pero en algunos casos sí conveniente y necesaria.
Que no se use en esas películas qu emencionas me parece un acierto, en pro del realismo y de la autenticidad, de los sentimientos interiores y no manipulados en el artificio.
Además, eso contribuye a que el espectador se fije en otros elementos de la banda sonora, como ruidos imperceptibles y sonidos que en otras condiciones no se valoran suficientemente.
Ojo con lo del cine mudo (no era tan mudo), que en los inicios siempre se proyectaba acompañado de música, y además en directo: un instrumento, un cuarteto, una pequeña orquesta…, según el presupuesto film. Pero nunca en completo silencio.

Comentario #1 por Julio Rodríguez Chico
Escrito el 15.03.08 a las 13:51

Magnífica reflexión, Manuel, y también magnífico el comentario de Julio, porque, ciertamente, mencionáis cuestiones que no son incompatibles. De las películas que mencionas, Manuel, sólo he visto “No es país para viejos” y, desde luego, no se echa en falta la música (eso sí, quién sabe si un compositor inspirado podría dotar de cierto brío a una cinta a la que, bajo mi punto de vista, es excesivamente fría). En todo caso, me quedo con la palabra con la que te respondes a ti mismo: “distinto”.

Comentario #2 por Joaquín R. Fernández
Escrito el 15.03.08 a las 16:15

Gracias por los apuntes que dejas en tu comentario, compa Julio, tan juiciosos y “nutritivos” como de costumbre. A propósito de lo que comentas en el último párrafo, te he de confesar que una de las experiencias cinéfilas más gratas de mi vida la tuve en el Festival de Donostia de 2001, cuando asistí a una proyección de ésas que cuentas, de un film mudo (La primera esposa, de Frank Borzage, autor al que dedicaban un ciclo monográfico), acompañado al piano. Increíblemente bonito, te lo puedo asegurar.

Un abrazo

Comentario #3 por Manuel Márquez
Escrito el 17.03.08 a las 8:51



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