El paso de Philip Glass por Madrid para mostrar su nuevo trabajo, Book of Longing, sobre textos y dibujos de Leonard Cohen, sirvió para demostrar que, en estos momentos, lo más interesante de su labor está lejos de las pantallas de cine. Ahora que parece haber multiplicado en número sus bandas sonoras (por citar sólo algunos ejemplos, en apenas dos años hemos podido oírle en las de “El ilusionista”, “Diario de un escándalo”, “Cassandra’s Dream” y “Sin reservas”). Y los que siempre hemos defendido la idoneidad de la música de Glass para el cine, por lo que tienen de “cinemático” (si se me permite la expresión), no podemos más que observar tanta proliferación con un mohín de desagrado. No es sólo que los niveles de sus comienzos —con las inolvidables partituras para los documentales de Godfrey Reggio (sobre todo, “Koyaanisqatsi” y “Powaqqatsi”), o las revisitaciones del “Drácula” de Tod Browning o “La bella y la bestia” de Jean Cocteau— queden ya lejos, es que la última banda sonora verdaderamente reseñable que ha dado a luz ha sido la de “Las horas”… y de eso hace ya unas cuantas, al ritmo que va.

De hecho, lo peor no es eso: lo peor es que su estilo, fácilmente identificable, parece haberse petrificado en una plantilla que lo mismo vale para Woody Allen que para una comedia romántica, hasta el punto de haberse convertido en una parodia de sí mismo. ¿Cabe esperar que se vuelva a arriesgar, como en los mejores momentos de su carrera? Esperemos que sí; sólo así se volvería a hacer merecedor de un homenaje como el de “El show de Truman”, donde, además de hacer un cameo, la parte principal de la banda sonora, compuesta por Burkhard Dallwitz (y entre la que se intercalaban piezas del Glass de la trilogía “qatsi”), era todo un homenaje a la forma de componer del músico de Baltimore. Y si no, nos ahorraremos un buen dinero a la hora de coleccionar sus nuevas bandas sonoras: con tener una, las tendremos todas. Qué detalle.
En la imagen: Philip Glass trabajando en la banda sonora de “Las horas” - Copyright © 2002 Miramax Films, Paramount Pictures y Scott Rudin / Robert Fox Productions. Distribuida en España por Lauren Films. Todos los derechos reservados.
Estoy de acuerdo contigo, pero es que, además, a mí la banda sonora de “Las horas” no me acabó de convencer, aunque no tanto por la partitura en sí, sino por su empleo repetitivo y machacón. Hace mucho que la vi, pero recuerdo que se acababa volviendo un poco pesadica.
Ojo, Pedro, que no quiero que te lleves luego un chasco: no creo que “Book of Longing” aporte nada sustancialmente novedoso en la obra de Glass, ni mucho menos que sea una pieza redonda; pero sí que me reafirmo en que, al menos, demuestra mayor creatividad que sus bandas sonoras, como si hubiese abdicado totalmente, en este terreno, de sorprender.
Sin embargo, Tònia, a mí me fascinó precisamente por eso, por su capacidad envolvente. Creo que la música de Glass, cuando mejor funciona, es cuando cae en manos de alguien que sabe utilizarla para crear una atmósfera. Y Daldry sabía, ¡vaya que sí!
Un saludo!
Pues yo también me quedo con la opinión de Tònia con respecto a “Las horas”, la música de Glass me parece excesivamente intrusiva y va más allá de las imágenes. Ahora bien, tampoco creo que sea culpa de los compositores el que se vuelvan repetitivos. Más allá de tener un determinado estudio, es obvio que los directores e incluso los estudios les piden determinados sonidos que ya emplearon en trabajos anteriores.
Totalmente de acuerdo contigo, Joaquín. Y me temo que el “sonido Philip Glass” ya debe de estar patentado: aunque quisiera (y pudiera), seguro que no podría salirse ya de lo que se espera de él. Pero es que antes lo hacía…
Un saludo!
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En efecto, da pena que las bandas sonoras de Glass suenen sistemáticamente a LO MISMO.
Pero no solo son las bandas sonoras (no he escuchado el Book of Longing): la misma Sinfonía nr. 8 comienza más o menos interesante y termina cayendo en el mismo repeticionismo à la Einstein on the beach (que si bien en esta es interesante, a los cuarenta años ya se vuelve algo … digamos que conocido).
Me alegra que digas que el Book of Longing sea original. Espero escucharlo pronto.
Quizá es que el estilo indio de componer en que él tanto incide no da para más y por eso a los occidentales nos “suena mejor” la música de Beethoven que las melodías hindúes. Me temo que algo tiene que ver con esto.
Pedro.